¿Nuestra comodidad lo vale?

Piensa en un día fuera de casa, donde sea, cualquier lugar público, cualquier actividad; ¿qué haces y cómo lo haces? Ir al súper, comer fuera, comprar algo, quitarte la sed, lo que se te ocurra, probablemente vendrá repleto de plástico. ¿Es necesario? Esa botella de agua que te duró una media hora aproximadamente y luego posiblemente quedó olvidada en algún lugar podría estar en nuestro planeta 500 años o más. También podría ser fácilmente reemplazada por un termo, ¿cuál te suena mejor? ¿500 años lastimando a toda la vida de nuestro planeta o cargar un termo contigo? Lo mismo va para los cubiertos desechables que usas en tu comida, las bolsas de super que puedes cambiar por bolsas de tela, los empaques innecesarios que ni notamos, todas las cosas que solo consumimos porque aparentan ser lo más fácil. Tal vez sí es más cómodo: recibir todo lo que nos dan, no preocuparnos, comprar un agua cuando tenemos sed, usar platos desechables para no lavar; pero realmente hacer un cambio no exige mucho. Lo único que se necesita es compromiso y decisión, quitar la flojera que no tiene razón de ser y planear tu consumo responsable: salir de casa con las cosas que usarás, pensar dos veces en lo que compras y cómo viene empacado, ¡hacer pequeños sacrificios por impactos enormes!


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